El Dios Eterno
Señor, tú has sido nuestro refugio a lo largo de todas las generaciones. Antes de que nacieran las montañas y de que crearas el mundo entero, desde la eternidad hasta la eternidad, tú eres Dios.
Salmo 90:1-2
Al comenzar un nuevo año, es natural que nos preguntemos qué nos depara el futuro. ¿Traerá este año alegría o tristeza? ¿Éxito o dificultades? ¿Paz o caos?
En medio de la incertidumbre, encontramos consuelo al saber que, aunque todo a nuestro alrededor cambie, nuestro Dios permanece constante. Moisés comprendió profundamente esta verdad cuando escribió el Salmo 90. Había sido testigo de la fidelidad de Dios durante décadas de peregrinación por el desierto, viendo cómo el Señor se mantenía firme incluso cuando su pueblo vacilaba. El mismo Dios que guió a Moisés es el Dios que nos guía hoy.
A diferencia de nosotros, Dios existe fuera de las fronteras del tiempo. No envejece, no se cansa ni cambia de parecer según las circunstancias. Cuando nos sentimos abrumados por las incertidumbres de la vida, podemos anclar nuestros corazones en su carácter inmutable. Su amor por ti hoy es el mismo que ayer, y será el mismo mañana.
Esta perspectiva eterna lo cambia todo. En lugar de ser arrastrados por cada viento de cambio, podemos descansar en la estabilidad de nuestro Dios inmutable. Él es nuestro refugio en cada estación, nuestra constante en cada incertidumbre, nuestra paz en medio de la tormenta.
Al comenzar este nuevo año, recuerda: el Dios que te ha acompañado cada año es el mismo que te acompañará en los días venideros. Su carácter, sus promesas y su amor por ti nunca cambiarán.
Lo más destacado de hoy:
El tiempo avanza. Pasan los años y los días. Todo puede cambiar… pero Jesucristo nunca cambia. Él es el mismo ayer, hoy y siempre.