Puesto que tenemos un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengamos firme nuestra confesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
Hebreos 4:14–16
Los versículos de hoy nos informan sobre un aspecto sumamente importante de la obra sacerdotal de nuestro Señor. Actualmente, debido a que el Señor Jesucristo sufrió, murió, resucitó y ascendió a lo alto, atravesando los cielos, puede compadecerse de nuestra debilidad. Mientras estuvo aquí, fue tentado en todo aquello en lo que nosotros podríamos ser tentados. Pero el autor añade un detalle crucial: Él era sin pecado. Se nos dice que nuestro Señor no conoció pecado (2 Corintios 5:21), no pecó (1 Pedro 2:22) y en Él no había pecado (1 Juan 3:5). ¡Él fue el sacrificio perfecto e inmaculado por el pecado! Sin embargo, como hombre, puede experimentar el dolor que sufrimos en esta vida. Y debido a que comprende nuestra debilidad, y debido a que fue el sacrificio inmaculado por el pecado, podemos acudir a Él para obtener misericordia (la bondad amorosa de Dios) y hallar gracia (el favor inmerecido de Dios) ante el Trono de la Gracia.
Por si fuera poco, Hebreos 7:25 nos recuerda que este bendito Sumo Sacerdote vive para siempre para interceder por nosotros y es capaz de salvar completamente a quienes se acercan a Dios.
¡Qué alentador es saber que hay un Hombre en la gloria que puede ayudarnos, compadecerse de nosotros e interceder por nosotros! ¡Qué Sumo Sacerdote tan misericordioso y bondadoso! ¡Que podamos recurrir a menudo a esta maravillosa fuente de fortaleza y poder para el día que nos espera!
Lo más destacado de hoy:
Nuestro gran Sumo Sacerdote está sentado a la diestra de Dios en lo alto,
Para nosotros, Sus manos se alzan, en compasión y amor.
– AP Cecil