Dios da el aumento
“¿Quiénes son, pues, Pablo y Apolos, sino ministros por medio de quienes creísteis, según el Señor le dio a cada uno? Yo planté, Apolos regó, pero Dios dio el crecimiento. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Ahora bien, el que planta y el que riega son uno, y cada uno recibirá su recompensa según su propio trabajo.”
1 Corintios 3:5–8
La asamblea de Corinto tuvo muchas dificultades, y una de las primeras mencionadas es que estaban centrados en el hombre en lugar de en Cristo. Esto lo vemos en el capítulo uno, donde Pablo escribió:
“Les ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos hablen una misma cosa y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer. Porque me han informado acerca de ustedes, hermanos míos, los de la casa de Cloe, que hay contiendas entre ustedes. Les digo esto: que cada uno de ustedes dice: ‘Yo soy de Pablo’, o ‘Yo soy de Apolos’, o ‘Yo soy de Cefas’, o ‘Yo soy de Cristo’. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por ustedes? ¿O fueron bautizados en el nombre de Pablo?” (1 Corintios 1:10–13).
Nos resulta fácil ensalzar a un hombre de Dios, centrando nuestra mirada en el don que Cristo ha dado al cuerpo (Efesios 4:11), en lugar de en el Dador del don mismo. Por eso Pablo pone la Cruz ante los Corintios en el capítulo uno. La Cruz aparta al hombre por completo y lo pone el hombre, Jesucristo, delante de nosotros.
Pablo llama a este enfoque en los hombres carnalidad: vivir según la carne. Él pregunta:, “Porque donde hay envidia, contiendas y divisiones entre vosotros, ¿no sois carnales y os comportáis como simples hombres? Pues cuando uno dice: ‘Yo soy de Pablo’, y otro: ‘Yo soy de Apolos’, ¿no sois carnales?” (1 Corintios 3:3-4).
Cristo, como Cabeza resucitada, ha dado dones a su cuerpo. No hay nada de malo en apreciar los dones, pero debemos tener siempre presente que el fruto de esos dones proviene del Señor. Dos veces en nuestro pasaje leemos:, “pero Dios hizo crecer el crecimiento” y “Pero Dios da el crecimiento.” Todo fruto que ha llegado o llegará se debe a que Dios lo produce. El instrumento que Él utiliza es simplemente un canal, y nada más.
Lo más destacado de hoy:
Cuando nuestros ojos están puestos en la Cabeza resucitada, nuestros corazones pueden decir:, “Pero Dios”,” ¡Y nuestras bocas pueden alabarlo!