La fe viene por el oír
Él y todos los que estaban con él quedaron asombrados por la gran pesca que habían hecho; lo mismo les sucedió a Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, socios de Simón. Jesús le dijo a Simón: “No temas. De ahora en adelante serás pescador de hombres”. Así que, cuando llevaron las barcas a tierra, lo dejaron todo y lo siguieron.
Lucas 5:9–11
Volvemos a Lucas 5:1–11 por última vez para hacernos una pregunta final. El encuentro de Pedro con Cristo nos ha llevado a preguntarnos: “¿Cómo respondemos al fracaso?” (vv. 1–2), “¿Cómo respondemos a la autoridad?” (vv. 3–5), y “¿Cómo respondemos al éxito?” Ahora, al considerar los versículos finales de este encuentro, nos preguntamos:, “¿Cómo respondemos a una vida de fe?”
Pedro y los que estaban con él fueron testigos oculares del gran poder del Señor Jesús, y esto les causó temor. El Señor no solo dijo, “No tengas miedo”,” Calmando sus corazones y mentes ansiosas, les dio también un nuevo llamamiento: “De ahora en adelante, atraparás hombres.” Es interesante observar que anteriormente, en los versículos 4 y 9, la palabra para "atrapar" conlleva la idea de atrapar para matar, pero aquí conlleva la idea de atrapar para salvar.
El temor no tendría cabida en la vida y obra a la que el Señor los llamaba. En el Evangelio de Lucas, vemos este tema recurrente de “No tengas miedo” siete veces (1:13, 30; 2:10; 5:10; 8:50; 12:7, 32). El Señor nos llama a vivir por fe, no por temor: “Sin fe es imposible agradarle, porque quien se acerca a Dios debe creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan con diligencia.” (Hebreos 11:6)
¿Cómo desarrollamos esta fe? De la misma manera que lo hizo Pedro: “A tu palabra” (Lucas 5:5). “La fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Romanos 10:17)
Para vivir una vida de fe, debemos confiar en la Palabra del Señor. Vivir según su Palabra nos fortalece para ser testigos de su luz en un mundo oscuro y moribundo. Este mundo está lleno de quienes viven con miedo día tras día. Pero: “Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:7)
El anciano apóstol Juan también nos recuerda: “En el amor no hay temor; sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor implica castigo. Pero el que teme no ha sido perfeccionado en el amor.” (1 Juan 4:18)
Lo más destacado de hoy:
La Palabra de Dios nos ha sido dada para nuestro aliento y edificación. Aferrémonos a su Palabra.