“Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo lo predicara entre los gentiles…”
Gálatas 1:15–16
Como hemos visto a lo largo de la Palabra de Dios, los momentos de “Pero Dios” en las Escrituras marcan una gran diferencia en la vida de las personas. Noé, Abraham, José, David, el salmista, Jonás, Nehemías, Daniel y muchos otros vieron sus vidas transformadas por un “Pero Dios”. Pablo no fue la excepción. Cuando era conocido como Saulo de Tarso —profería amenazas y las cumplía— su vida cambió para siempre en el camino a Damasco (Hechos 9).
Mientras Pablo reflexionaba sobre su llamado como apóstol, se dio cuenta de que Dios tenía un plan para su vida desde siempre. Pablo confesó:, “Aunque antes fui blasfemo, perseguidor e insolente, alcancé misericordia porque actué por ignorancia e incredulidad. Y la gracia de nuestro Señor fue sumamente abundante, junto con la fe y el amor que están en Cristo Jesús”.” (1 Timoteo 1:13-14).
En el versículo de hoy, Pablo reconoce que su momento de “Pero Dios” comenzó mucho antes de nacer, y que su propósito era revelar al Hijo de Dios en él y a través de él. Podríamos decir que este es el propósito último de cada “Pero Dios”.”
Pedro expresó la misma verdad de una manera diferente: “Antes no erais pueblo, pero ahora sois pueblo de Dios; antes no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”.” (1 Pedro 2:10). Y esto es así “para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”.” (1 Pedro 2:9).
Los momentos de “Pero Dios” en las Escrituras nos recuerdan que nuestro Dios es capaz de hacer “en muchísimo más abundantemente de lo que pedimos o imaginamos, según el poder que actúa en nosotros”.” (Efesios 3:20)—sin importar cuál sea nuestra situación o circunstancias.
Como seguidores de Jesucristo, jamás debemos rendirnos ni ceder ante el desánimo. Nunca debemos retroceder ni dar marcha atrás en las experiencias de la vida. En cambio, debemos buscar esos momentos en los que decimos: “¡Pero Dios!”.
Lo más destacado de hoy:
Recuerda esos momentos del pasado en los que pensaste: "¡Pero Dios!", dale gracias por los del presente y confía en que Él te revelará aún más en el futuro, para que su Hijo se revele en ti y puedas proclamar lo que Dios ha logrado por su gracia en tu vida.