Él despierta mi oído
“El Señor Dios me ha dado lengua de sabio, para que sepa hablar palabra oportuna al cansado. Me despierta cada mañana; despierta mi oído para que oiga como los sabios. El Señor Dios me ha abierto el oído, y no fui rebelde ni me aparté.”
Isaías 50:4–5
Estos versículos, junto con los que siguen, hablan de nuestro bendito Salvador, el Señor Jesucristo, como el Siervo perfecto. El versículo 6 continúa describiendo parte del sufrimiento y la vergüenza que soportó a manos de sus enemigos, y el versículo 7 revela la dedicación y la determinación que mostró al enfrentarse a la cruz. Como leemos en Evangelio de Lucas 9:51, “Él se propuso firmemente ir a Jerusalén.”
También nos permiten comprender la devoción personal de nuestro Señor al Padre. Su Padre lo despertaba cada mañana, le prestaba atención y le enseñaba como un hombre dependiente y un siervo. ¡Qué maravillosa manera de comenzar cada día!.
Cristo comenzó su día escuchando la voz de Dios. Se alimentó de la Palabra y fue guiado por ella. Lo que habló, primero lo escuchó: “Yo hablo al mundo lo que he oído de él” (Juan 8:26). Un testigo eficaz es aquel que primero sabe escuchar.
Como el Señor Jesús escuchaba al Padre, no le resultaba difícil dar la espalda a quienes lo golpeaban ni mostrar su rostro a quienes se burlaban de él. “El Señor Dios me ayudará” (Isaías 50:7). Esta era su confianza, y no se defraudó. Mantuvo su rostro firme como una piedra y pudo decir: “He terminado la obra que me encomendaste” (Juan 17:4).
Lo más destacado de hoy:
El libro El Siervo Perfecto nos enseña que la manera de comenzar cada día es abrir nuestros oídos para escuchar la voz de Dios.