“Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. Dadle gracias y bendecid su nombre. Porque el Señor es bueno; su misericordia es eterna, y su verdad permanece por todas las generaciones.”
Salmos 100:4-5
La gratitud a Dios es reconocer que Él, en su bondad y fidelidad, nos ha provisto y cuidado, tanto física como espiritualmente. Es reconocer que dependemos totalmente de Él y que todo lo que somos y tenemos proviene de Él.
Glorificar a Dios es reconocer la majestad y la dignidad de su persona. Dar gracias a Dios es reconocer la generosidad de su mano al proveernos y cuidarnos.
El propósito principal de dar gracias a Dios es reconocer su bondad y honrarlo. El Salmo 50:23 dice: “El que ofrece sacrificios de acción de gracias me honra”. El Salmo 106:1-2 dice: “¡Alaben al Señor! ¡Den gracias al Señor, porque él es bueno! Su amor es eterno. ¿Quién puede proclamar las obras del Señor o declarar plenamente su alabanza?”. Cuando damos gracias al Señor, proclamamos sus obras y reconocemos su bondad.
Él es digno de toda alabanza y gratitud, especialmente si formamos parte de su pueblo redimido. Porque nos ha bendecido, no solo en lo terrenal, sino también con toda bendición espiritual en los lugares celestiales.
Lo más destacado de hoy:
Considera las bendiciones que Dios te ha dado por medio de Cristo. Vuelve a Él, dale gracias y bendice su nombre.