El mayor regalo

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 3:16

En esta época del año, los centros comerciales están llenos de gente que compra regalos para sus seres queridos. En medio de todo el ajetreo, es bueno hacer una pausa y recordar el regalo más especial de todos: un regalo que no fue comprado, sino que fue dado y compartido gratuitamente con nosotros: el regalo del amado Hijo de Dios. Pablo declara:, “¡Gracias a Dios por su don indescriptible!” (2 Corintios 9:15).

Detenernos a reflexionar sobre este maravilloso regalo puede ayudarnos a recuperar la perspectiva en nuestra vida diaria. Es bueno recordar estas palabras:
“¿Qué diremos, pues, a esto? Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:31–32).

Si Dios ha satisfecho nuestra mayor necesidad —la salvación— mediante el don de su Hijo, ¿no se ocupará también de todas las demás? ¡Por supuesto que sí! Pero, al igual que con nuestra salvación, debemos confiar en Él. La celebración del nacimiento de nuestro Salvador nos recuerda constantemente que debemos confiar en nuestro Padre amoroso, quien envió a su Hijo a dar su vida en rescate por nosotros en la cruz. Ese mismo Hijo ahora está sentado a la diestra del Padre como nuestro Sacerdote y Salvador amoroso, y un día se revelará como Rey de reyes y Señor de señores.

Reflexionar sobre este don nos ayuda a vivir con fidelidad día a día en un mundo oscuro y confuso. Pablo lo expresa maravillosamente:
“Porque la gracia de Dios que trae salvación se ha manifestado a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos sobria, justa y piadosamente en este siglo, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”.” (Tito 2:11–14).

Gracias a este don, podemos vivir hoy con esperanza en el mañana; una esperanza que nos señala el regreso de Aquel que vino primero como un bebé en un pesebre, y que volverá, no con humildad, sino con gloria como el Rey conquistador.

Lo más destacado de hoy:
“¡Gracias a Dios por su don indescriptible!” 2 Corintios 9:15

Comparte la reflexión de hoy: