Apóstol y Sumo Sacerdote
Por lo tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, consideren al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra confesión, Cristo Jesús, quien fue fiel a aquel que lo constituyó, así como también Moisés fue fiel en toda su casa… como siervo… pero Cristo como Hijo sobre su propia casa, de la cual somos nosotros si mantenemos firme hasta el fin la confianza y el gozo de la esperanza. Hebreos 3:1-2, 5-6
El autor continúa animándonos a considerar a esta Persona bendita, que es a la vez Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra confesión. Apóstol significa “enviado”; el Señor Jesucristo, el Hijo amado de Dios, fue enviado por el Padre. Él nos ha revelado y dado a conocer al Padre (Mt. 11:27; Jn. 1:18). Al hacerse hombre, el Señor Jesús puede compadecerse de nosotros en todos los aspectos de nuestra vida (Heb. 4:14-16).
Pero esta Bendita Persona no solo es nuestro Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra confesión, sino que también es el Hijo sobre su casa.
Cuando nos acercamos a Dios, lo hacemos a través del Señor Jesucristo (Jn. 14:6), y cuando adoramos, también adoramos al Padre por medio del Hijo. Él es, además, el “Sumo Sacerdote de la casa de Dios” (Heb. 10:21). Como Hijo sobre la Casa, debemos considerar su autoridad y sus derechos. Como Sumo Sacerdote de la Casa, ¡Él debe guiarnos en nuestra adoración! ¡Qué hermoso, entonces, que el autor nos invite a considerar al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra confesión, Cristo Jesús!
Lo más destacado de hoy:
El Señor Jesús reveló y dio a conocer al Padre cuando estuvo aquí como hombre, y ahora aparece en el Cielo en nuestro favor como nuestro Gran Sumo Sacerdote. ¡Considerenlo!