El invitado se convierte en anfitrión.

Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos también fueron invitados a la boda. Cuando se acabó el vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le respondió: “Mujer, ¿qué tienes que ver conmigo? Todavía no ha llegado mi hora”. Su madre les dijo a los sirvientes: “Haced todo lo que él os diga”.”
Juan 2:1–5

El encuentro con el Señor Jesús que analizaremos hoy también involucra al Señor Jesús y a su madre. La escena transcurre en una boda en Caná, donde ambos estaban presentes. Durante la celebración, al anfitrión se le acabó el vino. En ese momento, el Invitado —el Señor Jesús— se convirtió en el verdadero Anfitrión. En los versículos 1-2, lo vemos como el Invitado; en los versículos 3-5, como el Hijo; y en los versículos 6-12, como el Anfitrión.

Imaginen la vergüenza que sentiría el anfitrión de la boda al quedarse sin vino. María había meditado mucho en su corazón acerca de su Hijo y sabía que Él podría resolver este problema. Al acudir a Él, le expuso la situación, y su respuesta podría parecernos extraña: “Mujer, ¿qué tienes que ver conmigo? Todavía no ha llegado mi hora”. El Señor Jesús se refiere a “mi hora”, una frase que aparece al menos diez veces en el Evangelio de Juan: cinco veces como “todavía no ha llegado” y cinco veces como “la hora ha llegado”.”

Su respuesta no ofendió a María; ella comprendió lo que quería decir. Él le recordaba que Él actuaba según un plan divino. Quien controlaba ese plan era su Padre, no las circunstancias de la vida.

María, llena de fe, dijo a los sirvientes: “Hagan todo lo que él les diga”. Entonces el Señor les ordenó que llenaran seis tinajas con agua, y ellos obedecieron. Al seguir sus instrucciones y sacar agua de las tinajas, descubrieron que el agua se había convertido en vino, ¡y no en cualquier vino, sino en el mejor vino! (vv. 9-10).

El Señor no le dijo a María ni a los sirvientes lo que iba a hacer, ni siquiera cómo lo iba a hacer. De la misma manera, no revela todo su plan para nuestras vidas de una sola vez. Desea que simplemente le obedezcamos y confiemos en él. “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6).

Lo más destacado de hoy:
Cuando nos enfrentemos a situaciones en la vida, recurramos a Él; ¡Él nos dará la alegría para el camino!

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