“En Él tenemos la redención…”
Efesios 1:7
En el Nuevo Testamento, la doctrina de la redención se fundamenta en tres palabras.
La primera es una palabra sencilla que significa “comprar”, “adquirir” o “pagar el precio” de algo. Se usa, por ejemplo, con este significado común y cotidiano en la parábola del tesoro escondido en un campo, que motivó al hombre a comprar (redimir) el campo (Mateo 13:44). En relación con nuestra salvación, la palabra significa pagar el precio que el pecado exigió para que pudiéramos ser redimidos. Vemos en Apocalipsis 5:9 que se adora al Cordero porque fue su sangre la que nos redimió para Dios. En 1 Corintios 6:19-20, se nos recuerda que “ustedes fueron comprados (redimidos) por un precio; por lo tanto, glorifiquen a Dios con su cuerpo y con su espíritu, los cuales son de Dios”.”
La segunda palabra es la misma palabra básica con una preposición añadida como prefijo, intensificando su significado. Esto le da a la palabra la idea de “liberación”. Esta palabra nos recuerda que la muerte de Cristo no solo pagó el precio del pecado, sino que también nos liberó del dominio del pecado, dándonos la plena seguridad de que nunca volveremos a la esclavitud y las consecuencias del pecado. Esta verdad se desarrolla en el libro de Gálatas. Allí, Pablo nos dice que la muerte de Cristo fue para “redimir a los que estaban bajo la ley” (Gál. 4:5). También dice que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndose maldición por nosotros” (Gál. 3:13). Estábamos “en esclavitud bajo los principios del mundo” (Gál. 4:3). Este segundo uso de la palabra redención nos recuerda que los creyentes son llevados a una nueva posición en Cristo en relación con la ley y con este mundo.
La tercera palabra que se usa a menudo para redención significa “liberar” o “liberar pagando un precio”. El medio de esta liberación es la obra redentora de Cristo. Esto es lo que Pablo declaró cuando escribió: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:5-6). El fundamento, o base, de nuestra redención es la sangre de Cristo. Hebreos 9:12 nos recuerda que hemos obtenido la redención eterna por medio de su sangre. Pedro declara: “sabiendo que no fuisteis redimidos con cosas corruptibles, como plata u oro, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto” (1 Pedro 1:18-19).
Lo más destacado de hoy:
La muerte de Cristo y nuestra redención deben tener un efecto moral en nuestra forma de vivir. Pablo nos exhorta a recordar a “Jesucristo, quien se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:14).