Deber o devoción

Pero Marta estaba muy ocupada con los quehaceres, y acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile, pues, que me ayude”. Jesús le respondió: “Marta, Marta, estás preocupada y angustiada por muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria, y María ha escogido la mejor parte, la cual nadie le quitará”.”
Lucas 10:40–42


El encuentro de Marta con el Señor es muy instructivo para todos nosotros. Ella es un hermoso ejemplo de quien aprendió a servir. Leemos sobre su servicio aquí, en este pasaje, luego en Juan 11 y también en Juan 12.

En Lucas 10, Marta necesitaba aprender —como María ya lo sabía— que el Señor Jesús es el Profeta a cuyos pies debemos sentarnos y recibir instrucción. En Juan 11, Marta acudió al Señor Jesús con el corazón afligido por la muerte de su hermano Lázaro, y experimentó su cuidado sacerdotal al mostrarle su amor. Luego, en Juan 12, vemos a Marta sirviendo, a María ungiendo al Señor Jesús y a Lázaro sentado con él; cada uno nos muestra el privilegio y la posición del seguidor de Cristo hoy. Ahora podemos adorar a Aquel ante quien toda rodilla se doblará como Rey de reyes y Señor de señores. Así, en las vidas de Marta y María, vemos a nuestro Señor como Profeta, Sacerdote y Rey.

Pero lo que resulta especialmente instructivo en el versículo de hoy es cómo podemos servir al Señor. Podemos servirle como lo hizo Marta aquí —por deber— o podemos servirle, como ella lo hace en Juan 12, por devoción. Se ha dicho que existe el servicio de atracción, el servicio de distracción, el servicio de acción y el servicio de satisfacción.

Cuando nos acercamos al Señor y deseamos adorarlo mediante nuestro servicio, su persona y lo que ha hecho por nosotros nos atraen. Pero a veces nos ocupamos tanto en nuestro servicio que perdemos de vista a Aquel a quien servimos. Cuando nos distraemos, nuestro servicio se convierte en mera actividad: rutina y movimiento sin devoción.

Pero el buena parte Lo que nadie puede quitarle es servirle con devoción. Este es el servicio que verdaderamente satisface.

Cuando el servicio es meramente un acto de servicio, se convierte en una rutina religiosa; pero cuando surge de una relación vibrante y genuina con el Señor, se convierte en adoración. Marta aprendió esto, y lo demuestra de forma admirable en Juan 12.

Lo más destacado de hoy:
¿Cuál es el motivo de tu servicio al Señor hoy? ¿Es un sentido del deber o surge de un corazón devoto?

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