Noticias inesperadas

Entonces José, su esposo, siendo justo y no queriendo exponerla a la vergüenza pública, pensó en repudiarla en secreto. Pero mientras pensaba en esto, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido concebido en ella es del Espíritu Santo”.”
Mateo 1:19–20

Mientras leía la historia del nacimiento de nuestro Señor la semana pasada, me impactó la historia de José. No se nos dice la edad que tenía José cuando nació el Señor Jesús. Pero sí se nos dice que María estaba prometida a él y que nunca habían estado juntos como marido y mujer. Al leer Mateo 1:18-25, intenté ponerme en el lugar de José: ¿Qué sintió al enterarse de que la mujer con la que estaba prometido estaba embarazada? No se nos dice explícitamente cómo se sintió, pero tal vez haya una pista en las palabras: “pensó repudiarla en secreto”. ¿Se sintió avergonzado por la noticia? ¿Se sintió herido, tal vez destrozado, incluso devastado? ¡Tú y yo podríamos haber sentido todo eso!

Pero José recibió una palabra del Señor que le decía que no temiera tomar a María por esposa, “porque lo que en ella ha sido concebido es del Espíritu Santo”. Estoy seguro de que José no comprendió cómo pudo suceder esto, pero lo aceptó y confió en la palabra del Señor. Leemos: “Entonces José, despertando de su sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado y tomó consigo a su mujer, y no la conoció hasta que ella dio a luz a su hijo primogénito. Y le puso por nombre Jesús”.”

Puede que no entendamos lo que el Señor está haciendo en nuestras vidas, pero al igual que José, podemos “confiar en el Señor de todo corazón, y no apoyarnos en nuestra propia prudencia; reconocerlo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas” (Proverbios 3:5-6).

Esta época del año puede ser muy difícil para algunos, incluso cuando la mayoría a nuestro alrededor está feliz y celebrando. Tal vez estés sufriendo, destrozado, incluso devastado, como pudo haber estado José. Hay esperanza para los que sufren. El Salmo 34:18 nos recuerda que “El Señor está cerca de los que tienen el corazón quebrantado, y salva a los de espíritu contrito”. El Salmo 147:3 añade: “Él sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas”.”

Lo más destacado de hoy:
La situación de José no cambió: seguía comprometido con una mujer embarazada, pero estaba dispuesto a confiar y depender de la palabra del Señor para todo lo que le deparaba el futuro. ¡Que el Señor nos ayude a hacer lo mismo!

Comparte la reflexión de hoy: