Dios tuvo misericordia de él.
“Pero consideré necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de armas, vuestro mensajero y quien me ayudó en mi necesidad; pues él os extrañaba y estaba afligido porque habíais oído que estaba enfermo. En efecto, estuvo gravemente enfermo, casi hasta la muerte; pero Dios tuvo misericordia de él, y no solo de él, sino también de mí, para que no tuviera yo pena tras pena.”
Filipenses 2:25–27
Epafrodito había sido enviado por la asamblea de Filipos para entregar un regalo de amor al apóstol Pablo. En el camino, enfermó gravemente.“enfermo de muerte.” Una vez que se recuperó lo suficiente para viajar, Pablo lo envió de regreso a los creyentes de Filipos para que se consolaran al verlo de nuevo (v. 28). Pablo les dio las siguientes instrucciones: “Recíbanlo, pues, en el Señor con toda alegría, y tengan en estima a tales personas; porque por la obra de Cristo estuvo a punto de morir, no por su vida, para suplir lo que faltaba en vuestro servicio hacia mí”.” (vv. 29–30).
Este breve pasaje nos enseña varias lecciones:
1. Servir al Señor no nos exime del sufrimiento.
Algunos podrían considerar la misión de Epafrodito como poco exitosa, tal vez incluso un fracaso. Pero no es así. La clave está en esas hermosas palabras: “Pero Dios.” Pablo podría decir:, “Pero Dios tuvo misericordia.” Dios no solo tenía el control, sino que estaba al mando.
2. Lo que parece un fracaso puede ser parte del proceso de crecimiento de Dios.
Si la vida se redujera únicamente a experiencias en la cima de las montañas, jamás descubriríamos el crecimiento espiritual que se produce en los valles.
3. Vemos el valor de la vida comunitaria en Cristo.
Pablo declaró: “Pero Dios tuvo misericordia de él, y no solo de él, sino también de mí, para que no tuviera yo tristeza sobre tristeza.” El regreso de Epafrodito no solo alegró a Pablo, sino que alegraría a toda la asamblea.
4. Dios ve lo que otros no ven.
La mayoría de nosotros nunca habríamos conocido estas lecciones de la vida de Epafrodito sin la “Pero Dios.” Gran parte de la vida permanece oculta a la vista del público. Mucho de lo que hacemos por Cristo quizás nunca quede registrado en la historia de la humanidad. Pero Dios ve. Él sabe. Y honra lo que se hace para su gloria.
Lo más destacado de hoy:
Ninguna circunstancia de la vida escapa al alcance de la misericordia de Dios.