Una oración por la satisfacción

Dos cosas te pido (no me las prives antes de morir): aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des pobreza ni riqueza; dame de comer con el alimento que me corresponde; no sea que, estando saciado, te niegue y diga: “¿Quién es el que me ha dado la vida?» Caballero?” O para que no sea que sea pobre y robe, y profane el nombre de mi Dios.
Proverbios 30:7–9

Agur le pidió al Señor dos cosas específicas: integridad y contentamiento. Ya hemos visto su deseo de integridad; ahora veamos la segunda parte de esta oración: su deseo de estar satisfecho con lo que Dios le había provisto. Esto se llama contentamiento. El apóstol Pablo escribió: “La piedad con contentamiento es gran ganancia… Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:6, 10). Estos versículos nos recuerdan dónde debemos poner nuestras prioridades.

No hay nada de malo en orar por nuestras necesidades: “Danos hoy nuestro pan de cada día” (Mt. 6:11). Pero no debemos preocuparnos, diciendo: “¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas… Pero busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas‘ (Mt. 6:31-33). Vemos esta satisfacción en el apóstol Pablo cuando escribió: ’He aprendido a vivir saciado y a tener hambre, a vivir con abundancia y a sufrir necesidad‘ (Fil. 4:12). Al seguir a Jesucristo, Él quiere que confiemos en Él para cada una de nuestras necesidades, ¡sin importar cuán grandes o pequeñas sean!

Vivimos en un mundo descontento, y la publicidad nos dice que nosotros tampoco debemos estar contentos. Pero necesitamos la actitud de Agur, quien se contentó con lo que el Señor le proveía. Que el Señor sea nuestro objetivo, y que nos ayude a estar contentos con sus bendiciones diarias; y, si hay necesidad, ¡que podamos confiar en su bondad para proveer!

Lo más destacado de hoy:
Confiar plenamente en Dios y estar satisfecho con lo que Él nos da, ¡es sin duda una gran ganancia!