La Ley de la Libertad

Así que hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por la ley de la libertad.
Santiago 2:12

La verdadera libertad cristiana no es una licencia para hacer lo que me plazca. Las Escrituras enseñan que está ligada a vivir para Cristo y para los demás. Se encuentra y se disfruta cuando me ocupo de Cristo.

En el versículo de hoy, Santiago habla de la “ley de la libertad”. La palabra “ley” se refiere a la fuerza que rige o al principio que se aplica. Lo que Santiago quiere decir es: “Como cristiano, no estás bajo la ley de la esclavitud, sino bajo el poder de la libertad”. La Ley de Moisés exigía al judío amar a su prójimo, pero no le otorgaba el poder para hacerlo y lo condenaba si no lo hacía. Sin embargo, por la gracia, se nos da el poder de amar a nuestro prójimo.

La expresión “habla y haz así” se refiere a palabras y acciones, a nuestro hablar y a nuestra conducta; ¡ambas deben concordar! Cuando no concuerdan, violamos la ley de la libertad y rendiremos cuentas de este fracaso ante el tribunal de Cristo (1 Corintios 3:14-15; 2 Corintios 5:9-10). En Romanos 14:10-13, Pablo relaciona el tribunal de Cristo con la ley de la libertad, usándola como motivación y recordatorio para permitir que la ley de la libertad actúe en nuestras vidas.

Pero, ¿qué impide que esta libertad se manifieste en nuestra vida individual y en nuestras congregaciones? Santiago asocia la ley de la libertad con la Palabra de Dios en Santiago 1:21-27. Ser hacedores de la Palabra significa guardarla en nuestros corazones y permitir que sea la guía que nos oriente en cada aspecto de la vida. La Palabra de Dios debe ser nuestro estándar y una herramienta eficaz para evitar la influencia del mundo que nos rodea. Descuidar la Palabra de Dios es permitir que el mundo dicte cómo pensamos y actuamos.

Lo más destacado de hoy:
Cuando contemplamos la ley perfecta de la libertad y perseveramos en ella, y no somos oidores olvidadizos sino hacedores de la Palabra, ¡disfrutaremos de la verdadera libertad!