“Juan dio testimonio de él y exclamó: ‘Este es aquel de quien yo dije: “El que viene después de mí es superior a mí, porque existía antes que yo”’. Y de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.”
Juan 1:15–17
En el versículo 14, vimos que el mensaje final de Dios a la humanidad llegó en forma de Hombre. Se nos dice que Juan dio testimonio de Él y declaró: “El que viene después de mí es superior a mí, porque existía antes que yo”. Juan nació seis meses antes que el Señor Jesús (Lucas 1:36), pero no se refería al orden físico de las cosas. Claramente, se refería a la preexistencia eterna del Señor Jesús. Como Hijo de Dios y Verbo Eterno, el Señor Jesús existía mucho antes de que Juan fuera concebido.
Entendemos que la gracia es el favor inmerecido de Dios hacia nosotros, aunque no lo merezcamos. Nuestros versículos nos dicen que quienes creen en el Señor Jesús han recibido gracia de su plenitud. Su plenitud es infinita. Él continuamente nos colma de su gracia. Es gracia sobre gracia.
Imagínate estar junto al océano, viendo cómo una tras otra las olas rompen en la orilla. Esta es la imagen que tenemos ante nosotros. Su gracia fluye de su plenitud infinita, y no tiene fin. Es gracia sobre gracia.
La Ley le decía al hombre lo que era correcto, pero no le daba el poder para cumplir las justas exigencias de un Dios santo. Pero la gracia y la verdad —el equilibrio perfecto— vinieron a través del Hombre perfecto y nos brindaron la salvación que tanto necesitábamos: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es un don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
Tú y yo no solo somos salvados por esta gracia, sino que también somos apartados por ella para que podamos vivir para la gloria de Dios.
El mensaje de Dios para nosotros es que, por su gracia, podemos ser salvos para la eternidad, apartados para su gloria y servirle como testimonio a un mundo que perece. Esto es posible solo por gracia.
Lo más destacado de hoy:
Dedica un momento hoy a meditar sobre la gracia inagotable de Dios, que Él derrama continuamente sobre nosotros, logrando para nosotros lo que jamás podríamos hacer por nosotros mismos. ¡Qué mensaje de amor y gracia! Es, sin duda, gracia sobre gracia.