Dios ha hablado

“Dios, que en el pasado habló a nuestros antepasados por medio de los profetas en diversas ocasiones y de diversas maneras, en estos últimos días nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, y por medio de quien también creó el universo.”
Hebreos 1:1–2

Hebreos comienza con Dios hablando, y esencialmente termina con Dios hablando: “Mirad que no rechacéis al que habla. Porque si no escaparon los que rechazaron al que habló en la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos del que habla desde el cielo, cuya voz entonces conmovió la tierra; pero ahora ha prometido, diciendo: ‘Una vez más, no solo conmoveré la tierra, sino también el cielo’” (Hebreos 12:25-26).

Hebreos es un libro que revela cómo tú y yo podemos acercarnos a un Dios santo y justo en la adoración. Lo que Levítico es para el Antiguo Testamento, Hebreos lo es para el Nuevo. Levíticio significa “Él llamó”, porque el Señor llamó a su pueblo a acercarse a Él en adoración, pero siempre de acuerdo con el camino que Él había prescrito.

Ni tú ni yo pudimos acercarnos a Él antes de que la obra de Cristo se consumara. Por eso Dios se acercó a nosotros en la persona de su Hijo. Él había hablado a la humanidad en diversas ocasiones y de diversas maneras a través de los profetas. Pero como Dios santo y justo, que no puede contemplar el pecado, tenía un último mensaje para la humanidad, el cual comunicó en y por medio de su Hijo.

Aquel mismo “que es el único que posee inmortalidad, que habita en luz inaccesible, a quien nadie ha visto ni puede ver” (1 Timoteo 6:16) se reveló a través de su amado Hijo. Como no podíamos entrar a su encuentro, ¡Él salió a su encuentro! El Señor Jesucristo, el amado Hijo de Dios, se hizo hombre —Dios manifestado en carne (1 Timoteo 3:16)— para dar a conocer a Dios a la humanidad. Él es el Verbo Eterno (Juan 1:1) que se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14). “Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer” (Juan 1:18).

En el pasado, Dios utilizó muchos medios diferentes para revelarse, pero ahora lo ha canalizado todo a través de su amado Hijo, la revelación encarnada de Dios.

Lo más destacado de hoy:
El Señor Jesús es la Palabra definitiva de Dios en todo asunto. “Mirad que no rechacéis al que os habla” (Hebreos 12:25).