Cristo nuestro sustituto

La salvación estuvo en la mente de Dios desde la eternidad, y el método de esa salvación reside en la persona y la obra de su amado Hijo, el Señor Jesús. Al considerar la obra de la salvación, una de las verdades que aprendemos es que Cristo fue nuestro sustituto. Esto significa que el Señor Jesucristo murió en lugar de los pecadores.
El gozo de tu salvación

Los creyentes experimentan gozo espiritual al caminar en armonía con el Señor, produciendo frutos del Espíritu. Sin embargo, el pecado puede entristecer al Espíritu Santo, disminuyendo el gozo pero sin afectar la salvación, que se obtiene mediante la obra de Cristo. Restaurar el gozo requiere autoexamen y confesión. No se debe confundir la seguridad eterna de la salvación con la experiencia fluctuante del gozo; la salvación es inmutable, mientras que el gozo depende de la conducta espiritual del creyente.
La seguridad de la salvación

Con frecuencia, la gente duda de su salvación, confiando más en sus sentimientos que en la seguridad que Dios nos da. No se trata de la cantidad ni la fuerza de nuestra fe, sino de la verdad de que nuestra fe está puesta en Cristo y en su obra. Debemos creer en la palabra de Dios por encima de nuestros sentimientos.
El Camino de la Salvación

En tiempos del Antiguo Testamento, según la Ley de Dios, un asno debía ser redimido mediante el sacrificio de un cordero. Este acto nos remite al Señor Jesús, el “Cordero de Dios”, quien entregó su vida para redimir a los pecadores, tomando sobre sí su castigo para concederles el perdón y la vida eterna, demostrando así el amor y la justicia de Dios.
Porque de tal manera amó Dios

En uno de los versículos más conocidos de la Biblia, vemos la mayor manifestación de amor jamás vista. De todos los dones jamás dados, ninguno se compara con el regalo de Dios a su Hijo unigénito.