“El Espíritu del SEÑOR vino sobre Jahaziel… y le dijo: ‘Escuchen, todos ustedes, habitantes de Judá y de Jerusalén, y tú, rey Josafat: Así les dice el SEÑOR: “No teman ni se acobarden ante esta gran multitud, porque la batalla no es de ustedes, sino de Dios”’”.”
2 Crónicas 20:14-15
El temor se apoderó de todos los presentes mientras permanecían reunidos ante el Señor. Era un momento de amenaza nacional, y allí estaba el rey, en la casa del Señor, orando. Leemos que “todo Judá, con sus pequeños, sus esposas y sus hijos, estaban delante del Señor” (versículo 13). En tiempos de crisis, las familias siempre se fortalecen al reunirse en la presencia del Señor. Padres, madres e hijos se congregaron para orar y escuchar lo que el Señor tenía para decirles. Las madres y los niños no se quedaron en casa; todos estaban allí, ¡y el Señor tenía un mensaje para ellos!
El mensaje provino de un hombre que nunca antes había aparecido en la Biblia, ni volvemos a saber de él. Era solo un rostro más entre la multitud, pero en este día tan especial, Dios eligió comunicar un mensaje de consuelo y aliento a Judá a través de este desconocido. El mensaje de Jahaziel, de apenas cien palabras, provenía directamente de Dios y estaba dirigido a todos y cada uno de los presentes. Su mensaje infundió calma en una situación tensa. Fue una voz de fe en tiempos de prueba. Fue un portavoz de Dios, que declaró cómo debía reaccionar el pueblo de Dios ante una situación aparentemente desesperada. Su mensaje ha animado al pueblo de Dios a lo largo de los siglos y encierra muchas lecciones para todos nosotros.
Lo más destacado de hoy:
¡Qué bueno es reunirnos, jóvenes y mayores, para orar y escuchar lo que el Señor desea decirnos! ¡Qué bueno es estar disponibles para Dios y ser instrumentos de aliento para su pueblo! ¡Quizás hoy quiera usarte para animar a alguien!