Un faro de gracia

“El SEÑOR es bueno, un refugio en el día de la angustia; y Él conoce a los que confían en Él.”
Nahúm 1:7

Este maravilloso versículo se encuentra en medio de tres capítulos que describen un juicio severo contra Nínive. Nahúm fue llamado por el Señor para profetizar sobre el mismo pueblo al que Jonás había predicado con reticencia y que se había arrepentido. Pero el tiempo había pasado y los habitantes de Nínive habían vuelto a sus malos caminos. En el primer capítulo, leemos sobre la declaración del juicio; en el capítulo 2, sobre el poder del juicio; y en el capítulo 3, sobre la irrevocabilidad de dicho juicio. ¡Tres capítulos de juicio que rodean a este profeta!

Pero nuestro versículo se alza como un faro, irradiando esperanza en la noche oscura para todos los que pasan por allí. En este único versículo, vemos tres cosas.

Primero, leemos acerca de la bondad de Dios. Quizás no sería esto lo que nosotros destacaríamos. Podríamos haber declarado: “El Señor es santo” o “El Señor es grande”, pero Nahúm anuncia la bondad del Señor. El Señor es bueno en lo ético, lo moral y lo práctico. David nos recuerda que el Señor es bueno y hace el bien (Salmo 119:68). La bondad del Señor fue revelada a hombres como Moisés y Jeremías (Éxodo 33:19; 34:6; Lamentaciones 3:25). Esta bondad de Dios se manifestó a lo largo de la vida del Señor Jesús cuando anduvo haciendo el bien (Hechos 10:38).

Nahúm podía declarar, incluso en medio del juicio, que el Señor es bueno porque es un refugio para todos los que confían en Él. Es un amparo y un lugar seguro en tiempos de angustia (Salmo 46:1-2). El mensaje de Nahúm es claro: el Señor es capaz de salvar a quienes se vuelven a Él de la severidad del juicio que pronto caería sobre Nínive.

El Señor había sido paciente con esta ciudad, como lo es hoy con la humanidad. Pedro nos recuerda: “El Señor no se tarda en cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que es paciente con nosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Así como el juicio llegó a Nínive, llegará a todos los que rechazan la salvación de Dios a través de su Hijo. “Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por medio de él” (Jn. 3:17).

Lo más destacado de hoy:
Hoy, un faro ilumina el evangelio de la gracia de Dios, anunciando con fuerza: ¡Dios te ama! Él te ha provisto un camino de salvación en la cruz de Jesucristo. ¡Acércate a Él, confiesa tus pecados, arrepiéntete y serás salvo!