“Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia; reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas.”
Proverbios 3:5-6
En Génesis 15, Dios le había prometido a Abraham que él y Sarai tendrían un hijo y que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas. Pero en Génesis 16:1-2, leemos que Sarai ideó su propio plan para cumplir la voluntad de Dios. No estaba dispuesta a esperar en Dios durante el tiempo de silencio. ¿Cuántas veces nuestras circunstancias nos llevan a apoyarnos en nuestro propio entendimiento en lugar de confiar en el Señor con todo nuestro corazón (Proverbios 3:5-7) cuando parece guardar silencio? ¡Qué fácil es tomar las riendas de la situación en lugar de reconocerlo en todos nuestros caminos y permitirle que guíe nuestras sendas!
La verdadera tragedia no fue solo su adulterio, sino también su independencia, sus dudas y su obstinación. ¡Su pecado desencadenó la guerra más larga de la historia! Este conflicto entre los israelitas, descendientes de Isaac, y los árabes, descendientes de Ismael, continúa hasta el día de hoy. ¡Tierra Santa sigue siendo un foco de tensión debido a esta mala decisión tomada por dos personas hace casi 4000 años! Su pecado provocó enemistad entre Sarai y Agar, y entre Sarai y Abraham (Génesis 16:4-5). ¡Imaginen cuánto mejor habría sido todo si hubieran confiado en el Señor! ¡Cuánta más paz habría habido en el mundo!
En Marcos 4:35-41, vemos a los discípulos en la barca con el Señor cuando se desató una gran tormenta. Las olas azotaban la barca y el viento los zarandeaba. Todos hemos experimentado tormentas similares en la vida. Parece que no hay esperanza, ni luz en medio de la oscuridad. Pero fíjense en algo que destaca en esta historia: ¡el Señor estaba en la barca con ellos! Los discípulos estaban tan asustados que incluso preguntaron: “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?”. Si somos sinceros, ¡ha habido momentos en que nos hemos sentido igual! Pero debemos recordar que, durante la tormenta más oscura, ¡Jesús es el Señor de la tormenta! Manténganse firmes con Él, no con sus circunstancias. Él puede calmar la tormenta en sus vidas en este mismo instante. ¡Confíen en Él!
En el Antiguo Testamento, leemos sobre un momento en la vida de Eliseo en el que él y su joven siervo fueron rodeados por fuerzas enemigas (2 Reyes 6:8-17). ¡Las probabilidades estaban completamente en su contra! Su situación era desesperada, sin esperanza aparente. Pero Eliseo confió en el Señor, teniendo plena fe en Aquel que estaba a su favor. “Si Dios está con nosotros, ¿quién podrá estar contra nosotros?” (Romanos 8:31).
Lo más destacado de hoy:
¡Que aprendamos a confiar en Él y a esperar en Él, incluso cuando parezca guardar silencio!