¿Cómo debemos vivir?

“Que la gracia y la paz os sean multiplicadas en el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor, pues su divino poder nos ha concedido todo lo que concierne a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y virtud…”
2 Pedro 1:2–3

El versículo de hoy nos recuerda que se nos ha dado todo lo necesario para vivir la vida abundante que el Señor Jesús nos aseguró con su muerte. Gracias a su muerte, sepultura y resurrección, podemos vivir una vida semejante a la de Cristo, que glorifica a Dios. Él es la fuente de toda piedad y nos ha dado todos los recursos que necesitamos para vivir una vida piadosa.

Tito 2:11-12 nos recuerda: “Porque la gracia de Dios que trae salvación se ha manifestado a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos sobria, justa y piadosamente en este siglo”.”

Fue a través del Hijo de Dios que llegó la gracia y la verdad (Juan 1:17). Esta misma gracia que nos salva también nos santifica, nos sostiene y nos fortalece para vivir una vida que refleje fielmente el carácter de Dios.“

Si bien la capacidad de vivir una vida piadosa no reside en nosotros mismos, el Espíritu de Dios, mediante su gracia, puede generar este estilo de vida en cada uno de nosotros. La obra es suya; sin embargo, somos responsables de permitirle obrar en nuestras vidas. Pedro nos dice: “Poniendo toda diligencia, añadan a su fe virtud, a la virtud conocimiento, al conocimiento dominio propio, al dominio propio perseverancia, a la perseverancia piedad, a la piedad afecto fraternal, y al afecto fraternal amor” (2 Pedro 1:5-7).

El Señor no solo quiere que tengamos “apariencia de piedad” negando su poder (2 Timoteo 3:5). Desea que mostremos una vida de verdadera piedad. Él es la fuente de esa piedad y quien nos provee los recursos, mediante su Palabra y el poder del Espíritu Santo, para vivirla para su gloria.

Pedro también recuerda a sus lectores los planes futuros de Dios para este mundo y el juicio que aguarda a quienes rechazan a su Hijo. Luego, les plantea a los creyentes esta profunda pregunta: “Por tanto, puesto que todas estas cosas han de desaparecer, ¿qué clase de personas debéis ser en santa conducta y piedad?” (2 Pedro 3:11).

Lo más destacado de hoy:
Que busquemos vivir vidas que reflejen el carácter de Cristo y honren a Aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud.