“Por tanto, no os avergoncéis del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero, sino compartid conmigo los sufrimientos por el evangelio según el poder de Dios”.”
2 Timoteo 1:8
Pablo anima a Timoteo a no avergonzarse del Señor Jesucristo, sino a proclamarlo con valentía. El miedo se había apoderado de su corazón, y cuando hay tal miedo, no hay fuerza para ir contra la corriente del mundo que nos rodea. Un acrónimo para el miedo es: Fear is Faithless Energy and Retreat (El miedo es energía sin fe y retirada). Pablo no quería esto para Timoteo; no quería que Timoteo se avergonzara de Cristo. Pablo le señala a Timoteo un recurso maravilloso que todo creyente tiene: ¡el Hombre en la Gloria! Cristo Jesús Se utiliza al menos siete veces y se refiere al Señor Jesús en el cielo, a la diestra de Dios, un lugar de poder, autoridad y recursos para todo creyente, sin importar el caos que pueda existir en su cultura.
Pablo comprendió el temor de Timoteo, pero lo animó compartiendo su propia experiencia y confianza, diciendo: “Por esta razón también padezco estas cosas; sin embargo, no me avergüenzo, porque sé en quién he creído y estoy seguro de que Él es poderoso para guardar lo que le he encomendado hasta aquel día” (2 Timoteo 1:12). En este versículo, Pablo le recuerda a Timoteo —y a nosotros— que necesitamos un conocimiento personal de nuestro Dios. Él podía decir: “Sé en quién he creído”. Luego nos recuerda que debe haber una convicción personal: “Estoy seguro de que Él es poderoso para guardar”. En tercer lugar, Pablo nos anima a tener un compromiso personal: “Cumple con lo que te he encomendado”. La confianza de Pablo no estaba en sí mismo, sino en su Dios, ¡que es poderoso! Esto habla del poder y la grandeza de nuestro Dios.
Cuando nos centramos en Cristo, en su poder y fortaleza, podremos aferrarnos al modelo de sanas palabras (2 Timoteo 1:13). La idea de tener un modelo de sanas palabras nos ofrece una guía mental y subraya la importancia de saber qué creemos y por qué lo creemos. Pedro nos recuerda, como seguidores de Jesucristo, que debemos “santificar a Dios el Señor en nuestros corazones, y estar siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que nos demande razón de la esperanza que hay en nosotros” (1 Pedro 3:15). Para ello, necesitamos saber qué creemos y por qué lo creemos. Esto es más necesario que nunca en nuestra cultura actual.
Lo más destacado de hoy:
El mundo necesita un mensaje de esperanza claro y conciso, y Cristo es la respuesta al caos.