“Haced todo sin quejaros ni discutir”,”
Filipenses 2:14
Una de las cosas más fáciles de hacer es quejarse. No se necesita talento ni don especial para criticar a los demás. Sin embargo, una sola queja puede tener un impacto significativo en quienes nos rodean. Esta fue otra lección que la gente de la época de Malaquías necesitaba aprender. Sus quejas iban dirigidas contra Dios. Sentían que era inútil servir al Señor; su actitud era, en esencia, "¿Qué gano yo con esto?" (Malaquías 3:13-15).
A veces, podemos sentir lo mismo. Quizás nos preguntemos: "¿Para qué ir a la iglesia? Siempre escuchamos los mismos mensajes". Es fácil criticar a nuestros líderes espirituales, pero en cambio, se nos instruye a orar por aquellos a quienes el Señor ha escogido para guiarnos (Hebreos 13:7, 17).
El pueblo también se quejaba de que los malvados prosperaban mientras ellos sufrían. De vez en cuando, nosotros también podemos cansarnos de servir al Señor y sentirnos desanimados. Cuando eso sucede, debemos fijar nuestra mirada en el objeto de nuestra fe: el Señor Jesucristo. Él es el ejemplo supremo de lo que debe ser un siervo de Dios. Al enfocarnos en Él, no solo recibimos la fuerza para servir con alegría, sino que también somos transformados para ser más semejantes a Él.
Malaquías nos ofrece tres medidas para evitar que nos quejemos. Primero, el temor del Señor debe motivarnos a darle prioridad en nuestras vidas: a considerar sus sentimientos, sus derechos y su gloria. Eso es lo que significa temer al Señor. Una expresión común hoy en día es: "¿Qué haría Jesús?". Si esta pregunta dejara de ser un cliché, realmente nos ayudaría a caminar con reverencia ante Él.
En segundo lugar, se nos anima a hablar a menudo entre nosotros. Es vital tener comunión cristiana: compartir a Cristo y animarnos mutuamente en Él. Si habláramos más frecuentemente de Cristo, tendríamos menos tiempo para quejarnos y criticar.
En tercer lugar, estamos llamados a meditar en su nombre. El nombre del Señor revela su carácter, su belleza y su grandeza. El Señor Jesús es verdadero, noble, justo, puro, amable y digno de alabanza. Solo en él encontramos la verdadera virtud y todo lo que merece ser alabado (Filipenses 4:8).
Lo más destacado de hoy:
Practica estas medidas de protección contra las quejas: dale al Señor el lugar preeminente en tu vida, anima a otros creyentes y centra tu mente en las cosas celestiales.